La Sacroileítis puede producirse por diversas causas, como traumas, después de la cirugía de la columna, enfermedades reumáticas como la espondilitis anquilosante o la osteoartritis, o procesos infecciosos.

La sobrecarga cíclica sobre los miembros inferiores transmitida a la región pélvica durante la práctica de deportes de impacto y de larga duración, como las carreras de fondo, puede afectar esta articulación.

Un trauma con un impacto repentino, como un accidente de tráfico o una caída, es otra de las causas de Sacroileítis.

Durante el embarazo, la articulación sacroilíaca tiende a relajar y dilatarse, lo que genera una sobrecarga.

El exceso de peso también aumenta el riesgo de desarrollo de Sacroileítis.

Síntomas de la Sacroileítis

La Sacroileítis, se puede producir el desencadenamiento de un proceso inflamatorio local que se caracteriza por dolor, que se puede extender desde la región lumbar hasta los muslos y las piernas, con la rigidez y disminución de la amplitud de movimiento.

Este dolor puede implicar la entrepierna y hasta los pies y se agrava con la permanencia de pie durante largos períodos de tiempo, un desequilibrio de peso soportado por las dos piernas, la subida de las escaleras en carrera.

Cuando se asocia a enfermedades reumáticas como la espondilitis anquilosante, la Sacroileítis puede asociarse a complicaciones como la dificultad en la respiración, deformaciones de la columna, las infecciones pulmonares y cardíacas.

 Diagnóstico de la Sacroileítis

La Sacroileítis puede ser difícil de diagnosticar, ya que se puede confundir con otras causas de dolor lumbar.

El diagnóstico se realiza a través del examen físico, la historia clínica del paciente y de pruebas de imagen como la radiografía simple, la tomografía computarizada o la resonancia magnética.

Las imágenes pueden revelar la presencia de esclerosis ósea del sacro y del ilíaco, irregularidad de los contornos articulares, erosiones óseas y, en grados más avanzados, el pseudo alargamiento articular y hasta la anquilosis total (fusión de la articulación sacroilíaca).

Otros métodos de imagen también pueden contribuir a la obtención del diagnóstico, como la cintigrafía ósea.

Tratamiento de la Sacroileítis

De un modo general, el tratamiento es conservador y consiste en medidas fisioterapéuticas, el uso de analgésicos, relajantes musculares, ejercicios de fortalecimiento muscular regional para evitar las recaídas, además del uso de antinflamatorios y de corticosteroides, en situaciones específicas, o incluso la cirugía.

El tipo de tratamiento dependerá de la gravedad de los síntomas y la causa de la Sacroileítis.

Si está asociada una enfermedad reumática, será importante para la prescripción de medicamentos específicos para tratar esta enfermedad.

El descanso es importante, así como la realización de ejercicios que proporcionen estabilidad articular y la fuerza muscular.

Otros posibles tratamientos incluyen las infiltraciones de corticosteroides en la articulación afectada; el uso de radiofrecuencia para destruir el nervio que causa dolor, la electroestimulación para reducir el dolor y la cirugía, con la fusión de la articulación a modo a reducir; y dar movilidad y reducir el dolor. Este procedimiento es raramente utilizado en la Sacroileítis.

Prevención de la Sacroileítis

La presencia de Sacroileítis no es razón que impida la práctica de deportes. Lo importante es saber cuáles son los ejercicios más adecuados y cuáles deben ser evitados.

Un buen calentamiento durante 5 a 10 minutos antes de la práctica de deporte es esencial para evitar el agravamiento de la Sacroileítis. Este calentamiento puede ser realizado en una cinta de correr, una elíptica o simplemente caminando.

La realización de los ejercicios de extensión refuerza y aumenta la flexibilidad articular.

Los ejercicios de bajo impacto ponen poca presión en la articulación. Ejemplos son la natación, la marcha en cinta de correr o en la elíptica y la gimnasia acuática.

La práctica regular del ejercicio, ayuda a reducir el dolor y mejora el estado general de salud, contribuyendo para el mantenimiento del peso, la prevención de la osteoartritis, cáncer, enfermedad cardíaca y diabetes.

Una posibilidad es realizar una de las actividades físicas recomendadas de 30 minutos por día, cinco días a la semana.

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